Historias De Rock

EL ROCK BLANCO

Fue el mejor soldado, el abanderado, de una guerra civil que se desarrollo simultaneamente en varios paises y cuyos ejercitos estaban formados por dos generaciones. Elvis Aaron Presley, Elvis Presley, Elvis el Rey, encarno en su voz, en su guitarra, en su vestimenta y, por supuesto, en su movimiento corporal, el espiritu del rock and roll. Una musica abominable, un ritmo obsceno e incomprensible para millones de padres a cuyos pies se abrio un abismo en la comunicacion con sus hijos, que en cambio se identificaban plenamente con Elvis y le rendian a el la idolatria que por eso mismo negaban a todos los ejemplos y valores ofrecidos por sus mayores.
ELVIS PRESLEY - EVERLY BROTHERS - CARL PERKINS - JERRY LEE LEWIS - BUDDY HOLLY - EDDIE COCHRAN
Elvis Presley

Elvis Presley desertó, es cierto, del ejército de los rebeldes sin causa y fue un buen muchacho americano en su segunda época de baladista, pero ya no pudo, si es que quiso alguna vez, escapar a su imagen, que tuvo de revolucionaria lo que de revolucionario tuvo el propio rock and roll. Y si el rock'n'roll no fue sólo una música más, también Elvis fue mucho más que un cantante. Junto a sus canciones estaban sus movimientos de cadera, su peinado, sus ropas ajustadas y, en definitiva, todo lo que él significaba, para unir a una generación, más allá de sus posiciones sociales e incluso de las fronteras, en la práctica de algo que era suyo y de nadie más: el rock and roll. Se convirtió, pues, en el emblema del rechazo de las costumbres y de los gustos hasta entonces existentes. Toda una iconografía surgió a su alrededor y millones de adolescentes, varones y mujeres, le adoptaron como su guía, casi como el gurú de una inmensa secta, cuyos incuestionables mensajes llegaban en forma de disco, de concierto o de película. El rock and roll fue el esperanto de los jóvenes, su rompiente seña de identidad y su militancia.

Elvis era el dueño de ese mundo. Probablemente no esperaba nada parecido aquel muchacho de dieciocho años que, con algunas monedas de las que había ganado en su trabajo de acomodador de cine, tuvo la idea de ofrecer un original regalo a su madre: una grabación de sus propias canciones. Esto podía hacerse en unos estudios al efecto que tenía la compañía discográfica Sun Records. Allí podía imprimirse un disco por ambas caras por cualquiera que quisiera tener un ejemplar único de su propia voz. Elvis cantó entonces 'My happiness' y 'That is when your heartaches begin', dos primicias de quien luego tendría miles de millones de oyentes y que en ese momento iban destinadas a una sola auditora. La idea le resultó divertida y no mucho después decidió repetirla, también con el fin de mandar el disco como regalo. Era el año 1954 y ya Elvis cantaba como aficionado en público cada vez que se le presentaba la ocasión o podía compatibilizarlo con sus dos formas serias de ganarse la vida: acomodando a los espectadores de una sala de cine y conduciendo camiones para una compañía eléctrica. Su segunda grabación fue 'I'll never stand in your way' en la otra cara de 'Casual love', pero en esta ocasión alguien a quien no iban destinados tales temas los oyó de un modo fortuito. Era una secretaria de la casa que ofrecía esos servicios, la Sun Records, acostumbrada al paso de docenas de aficionados por la cabina de grabación y que inmediatamente supo darse cuenta de que lo que escuchaba era algo fuera de lo normal.

A esa secretaria (que se lo contó a Sam Phillips, el propietario de la compañía, y que se apresuró a tomar nota de dónde podía encontrar al joven cantante), quizá se deba toda la carrera posterior de Elvis Presley. Al menos ésta es una posibilidad que muchos años después no dejó de considerar quien fuera el constante manager y gestor en la sombra de El Rey, su apoderado el coronel Parker. Parker explicaba así la increíble trayectoria de su pupilo: 'Elvis ha sido el mejor promotor de sí mismo. Pero sin la prensa, la radio, el público, sus fans y sus discos, no podríamos saber hasta dónde habría llegado. La gente de su actual compañía de discos, la RCA, ha hecho muchísimo por este chico. Yo conseguí ese contrato. Pero no podemos olvidar a la Sun Records, de Memphis, Tennessee. Si ellos no hubieran costeado sus primeros discos quizás nadie conocería hoy a Elvis Presley'.

Con su acierto como cazatalentos, Sam Phillips llevó a su prometedor descubrimiento por una serie de estados que constituían una especie de mercado menor. En Tennessee, Louisiana, Georgia, en las ciudades que flanquean el río Mississippi. No forzaron su estilo, ya que algo que Elvis llevaba dentro afloraba apenas ponía los pies en un escenario. Sin pretender agotar la descripción de lo que ese algo pudiera ser, lo cierto es que se exteriorizaba en un tipo de actuación que recordaba la de los negros, dentro de una trepidante piel blanca. No podía haber nada más contagioso, probablemente porque ese encuentro entre dos músicas o esa síntesis de la sensibilidad de dos razas era lo que muchos artistas del género habían venido buscando desde bastante tiempo atrás sin dar con ello. Elvis había creado el lenguaje cuando otros solamente habían acertado a ofrecer palabras sueltas e inconexas. Fue, ante todo, el escándalo. La irrupción del rock en una sociedad encastillada, puritana y racista constituyó un auténtico cartucho de dinamita colocado bajo la mecedora de sus mejores próceres y fuerzas vivas. Ahora casi podemos deleitarnos con las versiones que algunos de estos representantes del clasismo más reaccionario daban de cuanto ocurria ante sus ojos. Como la famosa y tantas veces repetida frase de Asa Carter, de la que lo único cierto es que el rock and roll suponía una forma negra de interpretación de la música que se extendía ahora a los blancos.

Ya no se cantaba poniendo mucho sentimiento o mucho corazón, sino directamente mucho cuerpo. El blanco comenzaba a comprender y a adoptar esa entrega total del negro a la música con cada centímetro de su piel y que hace que la voz surja de la totalidad del ser humano y no sólo de su boca o su garganta. Elvis Presley era el paradigma de este tipo de interpretación. En los dos años en que se profesionalizó bajo el sello Sun Records todavía no ganó sumas importantes, pero dejó de ser un desconocido en el mundo del disco. Prácticamente trabajaba en cuadro: Scotty Moore con la guitarra solista, Bill Black al bajo y él mismo con la guitarra acompañante. Sólo algún tiempo después se añadió el batería D. J. Fontana. Los teléfonos de la Sun Records comenzaron a sonar. Desde California, Nueva York, desde cualquier punto, los productores de la industria musical empezaron a preguntar por ese tal Presley que arrastraba con sus raras maneras el interés de los jóvenes. Sobre todo dos firmas supieron ver que aquel diamante en bruto podía tallarse y dar brillo mucho más allá de los ambientes todavía un tanto rurales en los que por el momento se movía. Fueron la Atlantic y la RCA las que a finales de 1955 tentaron con sus contratos al ex camionero de Túpelo. La Atlantic puso en su oferta 25.000 dólares y así, por una diferencia de 10.000, perdió millones incontables a lo largo de años. Y es que la RCA subió hasta los 35.000 y, además, quiso ganarse la buena voluntad de su nueva figura ofreciéndole como regalo, fuera de contrato, otros cinco mil que le sirvieron a Presley para comprarse un Cadillac.

Un Cadillac era, por supuesto, un automóvil, pero era, por encima de eso, un símbolo de triunfo increíble para un chico de veinte años. Desde luego, Elvis triunfaba. En enero de 1956 comenzó a grabar para la RCA. Su primera canción, 'Heartbreak Hotel', se presentó el día 28 del mismo mes por el canal de televisión de la CBS, en un programa de Jackie Gleason cuyos protagonistas eran los hermanos Dorsey. Unos protagonistas que quedaron eclipsados, como demuestra el hecho de que en las siguientes semanas Elvis fuera invitado otras cinco veces a la misma emisión. Lo que experimentó a partir de ese instante no fue un ascenso, sino una explosión. De repente todos le adoraban o le odiaban, pero no había más protagonista que él. En él, directamente, idolatraban o detestaban el rock and roll.

Era tal la vorágine en la que se sumió que su mundo se transformó bajo sus pies, mientras bailaba, sin apenas darle tiempo a cambiarse sus viejos zapatos. 'Hace tan sólo dos años apenas ganaba dinero como acomodador de cine y como camionero', confesó Elvis a un periodista, '¿y me preguntas si mi éxito me ha afectado en mi forma de ser? Puede que sí. Sobre todo en el sueño. No duermo más de cuatro o cinco horas cada día. Sé que es muy poco, pero es que no puedo dormir más. No es que me preocupe nada en especial, pero no me lo acabo de creer. Y respecto a eso que dicen los críticos contra el rock and roll, yo no creo que se esté haciendo algo malo por cantar así. Cada uno tiene su propio trabajo, pero la música nunca puede ser mala, digan lo que digan del rock and roll. Lo que me molesta son todos esos rumores absurdos que corren por ahí, como que una vez disparé contra mi madre, o sobre que fumo marihuana. Sólo son tonterías'. En estas declaraciones ya se anticipan dos realidades posteriores. Primero, los esfuerzos de Elvis para no ser considerado como un transgresor de un tipo de vida y de sociedad a la que, sin embargo, trastocaba profundamente con cada disco o actuación. Después, su injusta leyenda negra que a lo largo de los años, e incluso tras su desaparición, se cuajaría con todo tipo de acusaciones en un abanico que abarca desde la droga hasta el papel de confidente de la policía o de otros servicios para denunciar a sus compañeros. Una leyenda edificada, hasta donde se sabe, sobre la calumnia, la envidia y los rumores mucho más que sobre las pruebas o los testimonios veraces.

Una prueba de esa fobia la dio ya en los primeros tiempos un showman sumamente popular en la televisión de la época. Ed Sullivan, sumándose al club de los ciudadanos agraviados por las maneras de Elvis, declaró ufanamente que jamás le permitiría ir a su programa y que ni siquiera quería tocar a ese Presley con un palo largo. Era fácil lograr el aplauso de los sectores más conservadores atacando al muchacho que contoneaba sus caderas o hacía zigzaguear rítmicamente su cruceta, enfervorizando a las adolescentes con unos gestos de frenesí de alcoba trasladados al escenario. Más difícil era, sin embargo, renunciar a la estrella más rutilante del firmamento artístico norteamericano. Elvis fue contratado para otros dos espectáculos de televisión, hermanos menores del show de Ed Sullivan, que conducían Milton Berle y Steve Alien. Sus tres apariciones en un breve lapso de tiempo en estos programas supusieron para Ed Sullivan una amarga experiencia: Elvis, en otra pantalla, le restaba hasta un 55 por ciento de su audiencia. Todo eso a pesar de que el cantante se mostraba capaz de ser recatado por exigencias del guión. Así ocurrió en el espacio de Milton Berle en el que en su primera intervención estrenó su célebre canción 'Perro de caza', que provocó un gran revuelo en la audiencia y en algún que otro despacho oficial por su obscenidad. A renglón seguido y a modo de desagravio Elvis volvió al show y repitió 'Perro de caza', en esta ocasión en versión bucólica, con un verdadero can a sus pies, un pacífico basset hound, y unas caderas también pacificadas.

En todo caso, Elvis en pantalla era el top al que podía aspirar cualquier productor y Ed Sullivan, probablemente tragando sapos, tuvo que ofrecerle 50.000 dólares (tres veces más de lo cobrado por otros artistas de primera línea) para llevarle a la suya. Claro que, de alguna manera, se tomó su revancha y después de dos programas con cuatro canciones en cada uno, en el tercero, compuesto por siete temas, ordenó que las cámaras tomaran a Elvis solamente de cintura para arriba. Hay que tener en cuenta lo que esto podía tener de brochazo censor sobre el trabajo del cantante, máxime si se considera que ya entonces se le conocía popularmente como Elvis The Pelvis. 1956 y 1957, años frenéticos. Pulverizó récords discográficos. En las tiendas de discos se agolpaban los jóvenes pidiendo lo último de Elvis, siempre editado por la RCA. En verdad, no era tan sencillo saber qué era lo último cuando era capaz de lanzar al mercado siete vinilos en un solo mes (septiembre del 56) y todos con éxito. En el 57 aparecieron cuatro ejemplares sencillos, dos álbumes y siete discos de cuatro canciones. No es poco si se considera que los simultaneaba con sus actuaciones en directo y con lo que ya empezaba a ser su otro gran trampolín de éxito, el cine.

El antiguo acomodador decidió volver a las salas de proyección por la puerta grande. La televisión le había lanzado icónicamente hasta tal punto que todos daban por sentado que valdría simplemente su presencia en la pantalla para garantizar el lanzamiento de cualquier película. No sin razón. Tal vez por eso en su primer filme, 'Love me tender' (1956), no estaba previsto que interpretara números musicales, pero la productora renunció finalmente a semejante experimento y decidió asegurar el entusiasmo de los fans de Elvis haciéndole interpretar cuatro temas. Elvis, en consecuencia, ya era también actor. 'Loving you' (1957) y 'Jailhouse Rock' (1957) fueron los dos siguientes títulos de una filmografía que llegaría a los treinta y dos. Aproximadamente una treintena de versiones del mismo guión: héroe tímido o temerario que se enfrenta al mal y acaba venciéndolo al mismo tiempo que conquista el amor de la chica en una lucha jalonada por sus canciones. Una fórmula de éxito asegurado en el que la única imaginación que por regla general se renovaba era la destinada a pensar cuál podría ser la nueva caracterización de la estrella. De este modo, podemos conocer a un Elvis como ruiseñor campesino o presidiario en las dos últimas producciones citadas, como mestizo indio en 'Flaming star' (1960), púgil en 'Kid Galahad' (1962), aviador en 'Paradise, hawaiian style' (1966), piloto de automóviles de carreras en 'Speedway' (1968), fotógrafo en 'Live a little, love a little' (1968), pistolero en 'Charro' (1969), soldado en 'G.I. Blues' (1960), doctor en 'Change of habit' (1969), y así sucesivamente siempre con su efectivo y efectista gancho sexy y, naturalmente, con su voz y a veces su guitarra.

Interpretaciones musicales al margen, no suele haber mucha calidad en esa lista de treinta y dos películas escritas a su medida. La mejor para la crítica ha sido la cuarta, 'King Creole' (1958), basada en una novela de Harold Robbins titulada 'Una piedra para Danny Fisher' y que permitió que hasta el acerado comentarista del New York Times escribiera '¡Elvis puede actuar!'. Cuando 'King Creole' se estrenó, Elvis estaba en otro tipo de actuación muy distinto. Caracterizado esta vez como miembro de las Fuerzas Armadas de su país, no tenía más remedio que tomarse completamente en serio su papel, porque el Tío Sam le había enrolado de verdad. Elvis entró en filas el 24 de marzo de 1958, en el punto más álgido de su carrera, como simple recluta en la compañía A de la segunda división acorazada del ejército. Elvis the Pelvis se convirtió en US-53.310.761 en el campamento de Fort Hood de Texas, a la vez que sus trajes multicolores se transformaban en un uniforme beige claro y su tupé, enloquecedor para millones de jovencitas, en la cabeza rapada indistinguible de las de los otros reclutas. Un corte de pelo, por cierto, que pudo costarle la vida al sargento que manejó las tijeras, de haberse cumplido alguna de las amenazas enviadas hasta el campamento por sus seguidoras más fetichistas. Quizá las mismas que compraron alguno de los miles de auténticos mechones del cercenado pelo de Elvis que algunos avispados y sacrilegos comerciantes acertaron a vender como reliquias.

El servicio militar no fue en sí nada amargo para el cantante, aunque durante el mismo cayó en su vida el borrón negro de la muerte de su madre, una persona a la que estaba especialmente unido. Gladys, la receptora del primer disco grabado de Elvis, murió el 4 de agosto de 1958, cuando todavía le quedaban por delante a su hijo dos años como militar destinado en la base americana de Bremerhaven, en Alemania. En ese período, el hueco que había dejado se lo disputaban una serie de figuras entre las que se contaban nombres de tanto relieve como Paul Anka, Ricky Nelson, Frankie Avalon, Bobby Yee o Fabian. No tener que competir con El Rey les permitió a muchos de ellos alcanzar el número uno en la lista de ventas, un lugar que casi había venido siendo una rutina para Presley a la vista de los siguientes datos: desde su lanzamiento en enero de 1956 hasta su marcha al Ejército en marzo de 1958, ocupó el primer puesto del ranking durante cincuenta y una semanas, es decir casi un día sí y otro no. Ese largo lapso no fue obstáculo para demostrar, inmediatamente después de colgar el uniforme, que nadie podía rivalizar con él. Frank Sinatra fue el primero en tenderle la mano para llevarle a su show de televisión, que se retransmitía desde el Fontainebleau Hotel de Miami. Eso sólo fue el preámbulo de un regreso glorioso que comenzó, discográficamente, con la edición de un volumen titulado 'Elvis is back' que, apenas puesto a la venta, ocupó el primer lugar en las listas.

El siguiente paso le llevó aún más lejos y supuso un giro copernicano en su carrera. El día 4 de abril, Elvis se encerró con su antiguo grupo de músicos en los estudios de la RCA de Nashville y realizó una magistral y maratoniana sesión en la que dejó grabados cinco discos. Una de las canciones estaba destinada a batir los récords del mercado norteamericano. Era 'It’s now or never', una adaptación rockera del viejo y melodioso tema napolitano 'O solé mió' y que, antes de que acabara el año, sobrepasó los nueve millones de copias vendidas. Junto a ella nacieron temas como 'Are you lonesome tonight' o el no menos famoso 'Fever'. Cada uno de los cinco discos grabados superó, por sí solo, el millón de ventas. Elvis, sin embargo, había cambiado. Se había convertido en un muchacho bien, en un buen americano complacido con la sociedad que le rodeaba y en el que los gestos de rebeldía parecían permanecer únicamente como rémoras del pasado o, quizá, como concesiones a un público que todavía le adoraba y esperaba eso de él. Adiós a las contorsiones provocativas que arrancaban gritos de furor y desmayos entre las chicas, y adiós también al rock and roll como campo exclusivo de expresión. Bienvenida, con toda la fuerza, a la romántica balada.

En esos años los seguidores de Elvis habían pasado, como él, de su situación de muchachos en la calle, estudiantes de los últimos cursos o hijos de papá jugando a la contestación, a padres de familia primerizos, empleados haciendo méritos en su primer empleo o licenciados universitarios que planteaban el pago de los plazos de sus casas y sus muebles. La década de los sesenta reclama a Presley una despedida a su alocamiento y eso se reflejó en su música, aunque no en sus éxitos. 1960, 1961 y 1962 le ven triunfar en su nuevo estilo con parecido fulgor al de su época inicial. Además, el mito sexual de millones de mujeres, y no únicamente en Estados Unidos, resultó tener en aquel tiempo la cualidad o el defecto de la fidelidad. La hija de un militar, Priscilla Beaulieu, fue su único idilio conocido. Contrajeron matrimonio después de varios años de relaciones, el 1 de mayo de 1967, y tuvieron una hija el 1 de febrero del siguiente año a la que bautizaron Lisa Marie. La historia no duró mucho más y la pareja se divorció el 11 de octubre de 1973. En 1961 grabó, en sólo seis sesiones, cuarenta y nueve canciones, una especie de stock que le permitiría tener cierta vigencia durante el duro período que se avecinaba, el de la invasión británica. No una invasión militar sino musical y realizada por cuatro hombres, pero cuatro con tal capacidad que su ubicuidad les permitió copar hasta el último rincón. Eran los Beatles, demasiado incluso para El Rey.

Claro que éste no compitió directamente con ellos. En esos años se volcó completamente en su faceta cinematográfica, dejando libre el terreno discográfico a los chicos de Liverpool. Desde detrás de los seguros cristales de ese edificio mágico llamado Hollywood, Elvis fue testigo del fenómeno Beatle sin pretender rivalizar con los nuevos dioses. Ni siquiera llegó a grabar nada en los años 1964 a 1966, excepto las bandas sonoras de sus películas. Despertó de ese letargo al fin y volvió al estudio donde había cosechado su gran éxito en otra ocasión: la sala B de la RCA en Nashville. Allí trabajó frenéticamente durante cuatro días y produjo dieciocho canciones. Con lá selección de las mejores se compuso un álbum de orientación religiosa denominado 'How great thou art', que reconquistó las ventas millonarias para el retornado artista. Sin embargo, los Beatles estaban allí, su revolución en el mundo juvenil y musical no podía borrarse con nada, como un verdadero hito histórico nunca puede ser anulado sea cuál sea su índole, por lo que muchos observadores vaticinaron que Elvis pertenecía a la era prebeatle. Era como decir que, por muchos honores que se le reconocieran, se había convertido en una pieza de museo. Y los museos pueden proporcionar placer o provocar curiosidad, pero raramente suscitan entusiasmo. Elvis se encargaría de echar por tierra todas estas presunciones.

Comenzaba para él la etapa de los grandes conciertos después de haber brillado en la de los discos y en la del cine. Se rodeó de nuevos músicos y de montajes espectaculares cimentados en una gran calidad musical. Entre las voces por las que se hacía acompañar había nombres de tanta envergadura artística como Ronnie Milsap o Sandy Posey. A partir de 1969, y hasta 1975, se apuntó una larga serie de éxitos en este campo que podrían hacer palidecer incluso a los conciertos de los Beatles. El impulso pareció tomarlo cuando a finales de junio de 1968 filmó un largo especial para la cadena de televisión NBC. Poco después, en enero del 69, y dentro de una línea de evolución de sus propias concepciones musicales, grabó en Memphis, en los American Studios, la gran canción que volvería a colocar sobre sus sienes la corona que cuatro voces llegadas desde el otro lado del Atlántico habían hecho tambalear. Naturalmente hablamos de 'In the ghetto'. Elvis en el ghetto, pero en un ghetto que era la cumbre del mundo y que le permitió volver a reinar en su propia casa, Norteamérica, y en la de los invasores, Inglaterra. Al mismo tiempo celebraba sus grandes conciertos, que se iniciaron en el International Hotel de Las Vegas en sesiones dobles. Elvis no decaía, sino que, por el contrario, de sus conciertos salían álbumes supervenías como fueron 'From Memphis to Vegas' y 'On stage', mientras continuaban brotando discos de los estudios de grabación.

Tampoco olvidó del todo su pasión por el cine y sus dos últimas interpretaciones corresponden a aquellos años de los grandes conciertos, entre el 1969 y el 1975. La penúltima fue 'That is the way it is' (1970), de evidente tono autobiográfico. Y la final, una especie de documental que recogía varias de sus mejores actuaciones, 'Elvis on tour' de 1972. La meca de todo concertista en Estados Unidos, y seguramente en todo el planeta, es el Madison Square Garden de Nueva York y en ese regio recinto tenía puestos sus ojos El Rey desde el inicio de su campaña. Su entrenamiento, por así llamarlo, le había hecho recorrer escenarios también de primera categoría como eran los distintos locales de Las Vegas donde había triunfado, los dos Coliseos virginianos de Hampton Roads y Richmond y el Convention Center de Dallas, Texas, pero la prueba de fuego era el inmenso foro neoyorquino donde, por ende, estaba prevista la grabación en vivo de un disco que debía de constituir la guinda de sus giras. El cartel anunciador tuvo las características de la noticia del año. La estela con la que llegaba el astro no podía ser mejor y todos los buenos augurios se cumplieron una vez más. Veinte mil espectadores ovacionaron las canciones que tan sólo ocho días después se pusieron a la venta en forma de disco y volvieron a superar el listón del millón de copias distribuidas. Lo único que le faltaba era triunfar en un concierto internacional, o mejor, mundial.

A las doce y media de la noche del día 14 de enero de 1973, Elvis Presley tomó el micrófono en sus manos y empezó a cantar. Lo hacía para mil millones de personas y su voz se elevó hasta el cosmos para ser reenviada desde el espacio al único anfiteatro que en el mundo puede tener ese aforo, la televisión vía satélite. Con el concierto, Elvis Presley había conectado los canales de televisión de Australia, Japón, Corea, Nueva Zelanda, Vietnam, Tailandia y Filipinas. Europa lo emitió unas horas más tarde y Estados Unidos no lo hizo hasta el 4 de abril. El concierto se llamó 'Aloha from Hawaii' via satélite y fue la consagración, como leyenda viviente, de aquel antiguo camionero que tuvo que pagarse la grabación de su primer disco. Presley continuaría hasta el fin de su vida en esa onda de conciertos, ofreciendo al final una imagen de cantante gastado y obeso que se deshacía en sudor bajo los focos embutido en sus trajes de flecos y lentejuelas. Era aún muy joven cuando le alcanzó la muerte. A sus cuarenta y dos años, su epitafio no podía recoger mayor gloria para un artista del mundo de la canción: más de quinientos millones de discos en circulación y cincuenta y seis canciones convertidas en discos de oro, treinta y dos películas de éxito y un concierto ofrecido prácticamente a toda la Tierra. Su muerte no acabó con el mito. Los donativos de sus seguidores sirvieron para levantar una capilla a la que desde aquel 16 de agosto de 1977 no han dejado de acercarse hombres y mujeres de todo el mundo para tributarle su recuerdo o alzar una plegaria. Cerró los ojos en su residencia de Graceland de Memphis, en el estado de Tennessee, cuando le falló el corazón, debilitado por el uso continuado de anfetaminas y calmantes que tomaba por prescripción facultativa. Una muerte burlada desde el primer día por el lema que también llevan grabado en su corazón millones de jóvenes: Los viejos rockeros nunca mueren.
Everly Brothers

EVERLY BROTHERS

Uno de los cambios más profundos experimentados por el rock and roll se produjo en un escenario insólito: un sillón de una pequeña peluquería de Memphis. Ahí podemos imaginarnos, sin desviarnos probablemente mucho de la realidad, cómo el cliente, con el mentón enjabonado, oye al barbero exponerle por enésima vez las virtudes artísticas de sus hijos y, aún más, le obliga a escuchar las canciones grabadas por ellos mientras prolonga el arreglo del pelo hasta llegar a la última nota. El nombre del apasionado barbero era Ike Everly, antiguo artista de variedades que incluso había tenido junto a su mujer, Margaret, su propio show radiofónico de música country en una emisora local de Iowa. El del resignado cliente era, ya entonces en la década de los años 50, bastante más conocido en el mundo musical. Se trataba del compositor Boudleaux Bryant, un especialista en crear temas countries junto a su esposa Felice. No era la primera vez que se desarrollaba una conversación semejante, pero en aquella ocasión las cosas eran distintas. El matrimonio Bryant había batido su propio récord con su última composición y había acumulado 29 rechazos de otros tantos cantantes para incluir el tema en su repertorio.

Entre quienes no veían porvenir a esa canción, titulada 'Bye, bye love', estaba la gran estrella del momento, Elvis Presley. Nada menos que El Rey, o mejor dicho su equipo de asesores, había juzgado intrascendente la canción, de modo que esta vez Bryant, como mal menor, aceptó que los dos hijos del barbero defendieran su tema. Los hermanos Donald y Philip Everly tomaron sus guitarras y cantaron 'Bye, bye love'. Cuando acabaron de hacerlo habían cambiado su vida, la de una infinidad de otros dúos y conjuntos musicales y, en una importante medida, la del propio rock and roll. En 1957 decir rock and roll era para la mayor parte de la sociedad norteamericana decir escándalo, mal gusto, rebeldía incomprensible y degeneración juvenil. Los críticos musicales, tanto en la prensa como en la radio o las cadenas de televisión, se ensañaban casi sin excepciones contra el nuevo ritmo. Es la época en que Elvis Presley aparece a los ojos de la sociedad bienpensante como un corruptor y por supuesto, el tiempo en el que nadie comprende todavía, salvo algunos de los protagonistas directos, que esa nueva música es mucho más que un ritmo de moda y que se está convirtiendo en el lenguaje mundial. Además, el rock suena fatal. No hay arte ni calidad musical en sus notas alocadas, no hay técnica (según explica doctamente nada menos que la mismísima Enciclopedia Británica) y, en definitiva, no hay quien lo aguante a no ser que se esté loco o algo peor.

En este panorama los hermanos Everly cantan 'Bye, bye love'. Era rock and roll, nadie podía negar que lo era, pero, increíblemente, era bonito. Hasta ese día no sólo se había acusado a tal música de ir a contracorriente de todos los gustos anteriores, sino que sus autores e intérpretes se habían complacido confirmándolo. Su postura contestataria se había cebado en esa irritación que sabían que podían provocar en el buen burgués, quizá en la figura del padre, con notas disonantes y letras agresivas e incomprensibles. La lógica era una cadena que romper, ya fuera musical o social. Si Chuck Berry con su 'Roll over Beethoven' pretendía decir que lo clásico ya no servía y que su nueva música era la que pertenecía al presente, Little Richard se mofaba del cartesianismo de las familias sentadas en el salón ante la televisión y explicaba en un programa en que era a la vez entrevistado y cantante, con una expresión de imperturbable gravedad: 'Señoras y señores, quisiera presentarles una nueva canción que cuenta una pequeña historia, que está realmente llena De sentido. 'Aouamp-ba-bu-lua, balam bambú!'. Y arrancaba con su 'Tutti Frutti' un desafío a quienes querían desprestigiar al novimiento juvenil por su supuesta incongruencia. Esa dinámica generadora de un abismo entre dos concepciones musicales, quedó en parte rota tras 'Bye, bye love'. Los dedos acusadores que señalaban al rock and roll como un verdadero concierto de grillos, una acumulación de ruidos o un maremágnum de estridencias, tuvieron que esconderse.

Pero, ¿qué es lo que hicieron los Everly Brothers con una canción que no era especialmente brillante ni contenía nada genial? Sencillamente, los hermanos conjuntaron sus voces, las armonizaron por primera vez en la todavía muy breve historia del rock. Eso bastó para transformar por completo el sonido conservando su esencia. Hay que pensar que si el tema del matrimonio Bryant hubiera sido aceptado por Presley o por cualquier otro de los solistas a los que previamente les fue ofrecido, habría alcanzado mayor o menor éxito, porque en realidad no parece superior a tantas canciones como surgian casi a diario en aquella época dorada del género, pero nunca habría cambiado nada. Las voces armonizadas de Don y Phil fueron un cometa en el firmamento del pop y algo de su estela han recogido, después, parejas tan importantes como Simon y Garunkel o grupos más numerosos y de tan inmenso prestigio como Beach Boys, Mama’s and the Papa’s o los propios Beatles. La dimensión era nueva, las cuerdas vocales perfectamente conjuntadas de los hermanos abrieron un campo todavía sin roturar en el rock y, definitivamente, les lanzaron hacia arriba. No era, por cierto, la primera vez que lo intentaban. Criados en una familia de artistas, casi de artistas de la legua, Don y Phil estaban acostumbrados desde niños a los aplausos y al público, cuando acompañaban a sus padres en sus actuaciones y tocaban la guitarra, cantaban o contaban chistes.

Don tenía dos años más que su hermano y ambos habían nacido entre giras. El primero en Brownie, Kentucky, el 1 de febrero de 1937. El pequeño en Chicago, el 19 de enero de 1939. Precisamente cuando llegaron a la edad de abandonar sus estudios infantiles, sus padres optaron por establecerse de un modo fijo y cambiar sus guitarras y sus viages por las tijeras y los frascos de afeite de un pequeño negocio. Sin embargo, ellos ya levaban en la sangre el mundo del espectáculo y querían cantar. Si sus progenitores querían atarse a un hogar y olvidarse de las aventuras en las carreteras y los teatros y pensiones locales, era cosa suya. Hecho el equipaje, con una guitarra sobre cada una de las espaldas partieron por vez primera solos por tierras del estado de Tennessee. Como tantos otros jóvenes entusiastas cosecharon bastantes más kilómetros que dólares. Según sus declaraciones, pronunciadas varios años más tarde, había días en que llegaban a viajar trescientos kilómetros para conseguir una actuación por la que recibían diez dólares, cinco de los cuales había que dárselos al promotor. Lo cierto es que no tenían éxito y a pesar de haber conquistado su mejor oportunidad con el sello discográfico CBS, que grabó algunas de sus canciones y hasta editó su 'Keep a-lovin’ me', su andadura artística no parecía haberles llevado a ningún sitio hasta que apareció el tema, veintinueve veces rechazado por otros colegas, 'Bye, bye love'.

Era una canción sencilla, que no requería nada especial para su grabación, sino todo lo contrario. Su presupuesto de grabación era de ochenta dólares y el dúo tardó únicamente tres horas en realizar el trabajo. Don incluso añadió una introducción propia destinada, en principio, a otro tema. Podemos imaginar la malicia del dúo al que iba destinada la canción en un principio, Johnny and Jack, cuando la vieron irrumpir a la vez en las listas pop y country a mediados de mayo del 57. Aunque eso no fue todo: el tema entró simultáneamente en las listas del rhythm and blues. Un mestizaje que hablaba elocuentemente de sus cromosomas rockeros. Entre tanto, las duras giras de los hermanos Everly se habían convertido en viajes de éxito por Mississippi, Alabama y Florida y, finalmente, se les admitió en el espacio radiofónico más prestigioso de Nashville de música country, el Grand Ole Opry, realizado en directo y considerado como el verdadero bautismo de fuego para todo cantante de la especialidad. De aquella experiencia salió el definitivo impulso de los Everly hacia el rock, cuando todavía tenían una de sus botas asentada sobre territorio country. En el Grand Ole Opry, auténtica catedral country, se rechazó su ritmo, el sonido de la batería, un estilo que ya era otra cosa más compleja o menos pura que la tradicional música campesina del público blanco. Habían traspasado la frontera maldita. Ya estaban en el lado en el que Little Richard escarnecía a los telespectadores que le veían repantigados en su salón con pantuflas y bolsas de palomitas o Elvis Presley indignaba a los padres de familia contorneando sus caderas eróticamente.

La mejor prueba de ello fue su segundo éxito, otra creación de Felice y Boudleaux Bryant, a quienes habían permanecido leales a pesar de la inesperada lluvia de ofertas que repentinamente caía sobre sus cabezas. La canción fue 'Wake up, little Susie' y recibió las descargas de censura y puritanismo con que se bombardeaba a todo lo que oliera a rock and roll. Muchas emisoras de radio decidieron boicotearla y el propio editor de los Everly Brothers, Archie Bleyer, planteó problemas porque la letra sugería que Susie y algún chico habían estado durmiendo juntos en un coche durante una sesión de cine en un drive-in. La canción, pese a sus enemigos, llegó al número uno y se hizo tremendamente popular. Si contenía sugerencias sexuales, tanto mejor para los fans del dúo. No sería el único número uno que lograrían. En el año 58 sumaron dos con 'All I have to do is dream' y 'Bird dog'. El mérito es mayor si se piensa en el magnífico plantel con el que competían en las listas y también en los sistemas de grabación que utilizaban. Prácticamente improvisaban su música en los estudios. Claro que, a raíz de sus triunfos iniciales, ahora se habían rodeado de espléndidos profesionales que aportaban junto a ellos su inspiración y sus instrumentos. Así, además de sus propias guitarras, aparece también la de Chet Atkins y el piano de Floyd Cramer, ambos adscritos al sello RCA. No había, sin embargo, arreglistas y las canciones se discutían sobre la marcha, consiguiendo unos resultados sorprendentemente buenos.


Su fama les lanza a Australia, donde en 1959 Don escribió '’Til I kissed you'. El tema estaba llamado a convertirse en un clásico con la ayuda de los Crickets (grupo que había trabajado con Buddy Holly hasta su muerte en accidente aéreo) y lo grabaron conjuntamente a su vuelta a Nashville. Hasta entonces ése había sido su núcleo musical y el único lugar donde imprimían sus discos, pero también en este aspecto ampliaron sus horizontes. La siguiente obra, 'Let it be me', fue grabada en Nueva York y, sacada de un tema melódico de Gilbert Becaud, se convirtió en una balada de gran éxito en la que, por cierto, los hermanos incluyeron, por primera vez, música de violines. Los Everly Brothers estaban en la cúspide en 1960. Habían colocado nueve canciones entre las diez más vendidas y no les faltaban expectativas ni ofertas. Entre éstas aceptaron una que entonces tuvo un carácter muy poco corriente, la presentada por la naciente compañía Warner Brothers, que quería tenerlos en su nómina durante diez años a cambio de  un millón de dólares. Esto representaba una audacia empresarial sin precedentes en un mundo donde nadie sensato pensaba que un cantante o conjunto rock pudiera permanecer en candelero más allá de unas cuantas semanas, a lo sumo meses, a no ser el propio Elvis Presley. Los Everly Brothers tomaron ese cheque de un millón de dólares y se despidieron de su anterior compañía, la Cadenee Records, de Archie Bleyer, con quien, como ya se ha apuntado, no faltaban las discrepancias tanto artísticas como financieras.

Su primer trabajo para la Warner fue su tema de mayor venta en toda la historia: 'Cathy’s clown'. Dos años de éxitos enlazados llevan a los muchachos a una situación personal cercana al agobio y a una decisión un tanto extraña. Para evitar la presión a la que se ven sometidos se enrolan en la reserva de la U.S. Navy y allí, en la Marina, pasan medio año antes de volver a su trabajo. Entonces descubren que seis meses es mucho tiempo en el desenfrenado ritmo que sigue la juventud de su país y que el suelo ha temblado bajo sus pies mientras calzaban las botas militares. Ahora sus canciones no consiguen auparse hasta ningún puesto significativo de las listas y están en ese esfuerzo cuando llega la hecatombe. No es una hecatombe particular, sino la misma que arrasa al resto de las figuras del panorama musical americano. Son los Beatles. Los Everly Brothers, eclipsados como todos los demás por el cuarteto británico, siguen trabajando y ganándose la vida a través de galas y discos en diversas compañías, pero ocupar un número uno, como ya habían hecho otras veces con menos recursos y experiencia, se había convertido en una meta imposible. Desde el año 1962 con 'That old fashioned', no consiguieron situarse entre los treinta primeros. El año 1970 registró un ligero destello del dúo, aunque en cierta medida era algo prestado, puesto que se dedicaron a sustituir a Johnny Cash en un programa semanal de una hora de televisión mientras éste disfrutaba de sus vacaciones.

Después, nuevamente la oscuridad. Lo que ocurrió entre los dos hermanos en ese período de frustración no debió de ser muy agradable. Pertenece al mundo de sus vidas personales, pero saltó a los ojos de todos cuando el 13 de julio de 1973 estaban actuando en California, en un parque de atracciones llamado John Wayne Theater, de la Knott’s Berry Farm, y repentinamente el menor de la pareja se descolgó su guitarra y la estrelló contra el suelo para salir del escenario sin dar la menor explicación ni a su compañero ni al público. Don se dirigió entonces a los asistentes y les dijo que los Everly Brothers habían dejado de existir, en realidad, diez años antes. A sus espaldas quedaba la inmensa influencia ejercida sobre el modo de hacer rock and roll para dúos o grupos que pudieran armonizar sus voces, sus éxitos reconocidos y una serie de canciones convertidas en temas eternos del género en la versión, también, de otros artistas. Es el caso de 'All I have to do is dream', que ha estado triunfando en el repertorio de Richard Chamberlain, Glen Campbell y Bobbie Gentry o Andy Gibb y Victoria Principal, quienes la han llevado, respectivamente, a los puestos catorce, veintisiete y cincuenta y uno a lo largo de más de una década.

No obstante, la espantada de Philip Everly en California no fue la caída definitiva del telón sobre la carrera de los hermanos. Es cierto que durante diez años cada uno trabajó por su cuenta, mientras se decía que ni siquiera se dirigían la palabra, pero después Philip reeditó antiguos temas comunes y confesó su añoranza por los viejos tiempos. El reencuentro se produjo finalmente en el Albert Hall de Londres el 23 de septiembre de 1983, donde los Everly grabaron en un concierto un álbum doble y un vídeo que constituyen todo un testimonio de reconciliación. Luego, el propio Paul McCartney, uno de sus grandes admiradores, les escribió el tema 'On the wings of a nightingale' que fue su postrera entrada en listas.
Carl Perkinks

La mala suerte de Carl Perkins

Si dicen que la historia del rock blanco copia los hallazgos del rock negro y se aprovecha de su trabajo, la biografía de Carl Perkins, un cantante blanco y sureño, puede considerarse un calco del más desgraciado de los rockeros procedentes del mundo del rhythm and blues de color. Nació en 1932 en Ridgely, Tennessee, en una paupérrima familia encabezada por un padre inválido. Desde muy joven intentó triunfar como cantante y para ello formó con sus hermanos Jay y Clayton los Perkins Brothers, con los que empezó a ganar algún dinero allá por el año 50, haciendo una música muy próxima al country más clásico. En el 53, cuando decidió casarse con Yelda Crider, pensó definitivamente que la música era su futuro, abandonó a sus hermanos y empezó a buscar su oportunidad. Mientras ésta llegaba, trabajó recogiendo algodón en Mississippi y ella como lavandera. En el 54 empezó ya a destacar como solista, aunque sus hermanos tocaban con él todavía, ya como simples músicos de acompañamiento. Siguiendo la moda de la época, iban añadiendo a su música blanca algunos elementos del nuevo rhythm and blues, aunque sin definirse por lo que algunos empezaban ya a llamar rock and roll.

Aún compartía con su mujer una vivienda de protección oficial y apenas ganaba con sus canciones treinta dólares al mes. Pero oyó por la radio el tema 'Blue moon of Kentucky' cantado por Elvis Presley y descubrió que su música tenía muchos puntos de contacto con la que empezaba a hacer Elvis. Así que añadió una batería a su grupo y se marcharon todos a Memphis a que les oyera Sam Phillips, el dueño de la Sun Records. A Phillips le gustó la música del grupo y sobre todo las composiciones de Perkins y en enero del 55 les grabó los primeros discos. En febrero, ya eran los teloneros del propio Elvis Presley en una gira por algunos estados sureños. Las grabaciones de Perkins en esa época tenían muy poca venta, pero la marcha de Elvis a la RCA convenció a Sam Phillips de que necesitaba un repuesto y lo tenía en su propia compañía. Animó a Carl a que grabara temas más rítmicos y, basándose en un pisotón recibido en el escenario cuando unas fans subieron a abrazarle, escribió 'Blue suede shoes'. La grabó el 19 de diciembre, veinte días antes de la primera sesión de Elvis para la RCA.

El 3 de marzo del 56, a la vez que Elvis llegaba al número uno con 'Heartbreak Hotel', Perkins ocupaba el tercer puesto con 'Blue Suede Shoes'. Parecía que se avecinaba una auténtica batalla para hacerse con el cetro, vacío por incapacidad manifiesta de Bill Haley, del rock blanco. El 17 de marzo Carl Perkins hace su primera aparición en televisión, en un show de música country presentado por Ed Foley. Su carrera está lanzada y una semana más tarde debe presentar su canción en el show de Perry Como, de cobertura nacional. Viajando hacia Nueva York, el coche que lleva a los hermanos Perkins tiene un accidente cerca de Wilmington, Delaware, y Carl resulta seriamente herido. Hay que suspender la campaña de promoción y en esas semanas Elvis hace su propia versión de 'Blue suede shoes'. Aunque sólo se edita dentro de un EP, basta para cortar de raíz la carrera de Perkins y catapultar a Elvis, ya sin competencia, hacia el estrellato. El resto de la carrera de Perkins es una colección de pequeñas frustraciones. Nueve años como guitarrista de Johnny Cash y los dos hermanos que compartieron carrera con él muertos en trágicas circunstancias. La única alegría es la admiración que su obra despierta en Inglaterra. Una gira por las Islas Británicas le pone en contacto con los Beatles, con los que ensaya algunas canciones en sesiones privadas. El resultado de este contacto es que tres de sus composiciones son grabadas en los álbumes de Beatles y le proporcionan más royalties que todo el resto de su obra, exceptuando 'Blue suede shoes', todo un símbolo del mejor rock and roll blanco, comparable por su intensidad explosiva a los mejores rocks negros de Little Richard.
Jerry Lee Lewis

Jerry Lee Lewis, un rastro de violencia rockera


Le llaman The Killer, el asesino, y ha hecho oposiciones con éxito para merecer el apodo. Su carrera está cargada de grandes rock and rolls y de no menos grandes escándalos. Nacido en 1935 en Ferriday, Louisiana, su precocidad musical sólo puede ser comparada a la sexual. A los catorce años ganaba sus primeros dólares cantando con una banda de country and western, la típica música blanca pobre de la época. A la vez estudiaba en una escuela religiosa fundamentalista, en Texas. A los dieciséis años se casó con Dorothy Barton, hija del predicador. Un año después, y sin preocuparse de pedir el divorcio, se casa de nuevo con Jane Mitcham, que le dará en 1954 su primer hijo, Jerry Lee Lewis Jr. A los dieciocho años había tenido ya dos mujeres y un hijo, aunque aún no le había dado tiempo a leer libros ni plantar árboles. Tampoco a grabar ningún disco, pero, entusiasmado con lo que había oído a los nuevos rockeros blancos, reunió dinero (dicen que vendiendo 33 docenas de huevos) para trasladarse con su padre a Memphis y presentarse a la Sun Records. Como no tenían cita previa, nadie les esperaba y Sam Phillips estaba de viaje. Ante la situación decidió sentarse a la puerta de los estudios y aseguró que no se marcharía hasta que le permitieran cantar. Jack Clements le dio la oportunidad de grabar un par de temas y le pidió que volviera un mes más tarde, cuando tomaran una decisión.

Phillips editó el disco. En una cara estaba 'Whole lotta shakin’ goin’ on' y en la otra 'Crazy arms'. Muchas emisoras lo vetaron por su vulgaridad. Pero Lewis era ya artista de la Sun y el 4 de diciembre del 56 estaba en el estudio de grabación escuchando el trabajo de Cari Perkins, que empezaba a recuperarse de su accidente. Johnny Cash, también artista de la casa, pasó por el estudio, camino del centro de Memphis donde iba con su mujer a hacer las compras navideñas. En ese momento llegó Elvis Presley, artista ya de la RCA y la mayor figura musical del momento en los Estados Unidos. Juntos los cuatro improvisaron una sesión de temas diversos, que el ingeniero de sonido grabó íntegramente. Años más tarde el disco fue editado con el nombre de Million Dollar Quartet, aunque la RCA demandó a la Sun ante los tribunales, porque al comprar el contrato de Elvis se exigía que ninguna grabación que hubiera podido hacer la Sun podría ser nunca editada por su antigua compañía. Ello ha llevado a numerosas luchas legales y a la edición intermitente del disco por diversos sellos piratas hasta que la propia RCA se decidió, treinta y cuatro años después, a editar íntegramente aquella histórica sesión, un momento cumbre del rock blanco de los pioneros.

El año 57 empezó con los mejores auspicios. El día en que cantó por segunda vez en el Steve Alien Show es el único en toda la historia del programa que superó los índices de audiencia del de Ed Sullivan, líder indiscutible de audiencia en aquellos años. Antes de aquel programa Jerry había vendido treinta mil copias de su primer disco. A partir de ese momento las ventas se dispararon. Según su compañía, aquella canción vetada por su vulgaridad empezó a vender de cincuenta a sesenta mil copias diarias hasta superar los seis millones de discos. Tantos que la Sun no editó más canciones de Jerry en todo el año 57. Para el 58 se las prometían muy felices, pero estalló la bomba: el día 11 de diciembre y sin divorciarse de su segunda mujer, Jerry Lee Lewis, que ya tenía 22 años, se casó con su prima Myra Gale Brown, hermana de su bajista y de tan sólo trece años de edad. En enero edita 'Great balls of fire', que en sólo diez días supera el millón de ventas y que al acabar el año habrá sobrepasado los cinco millones. De pronto se descubre su extraña boda y el escándalo es superior a todo lo esperado. Su ejemplo pernicioso para la juventud es carne de púlpito y toda la prensa y radio conservadoras vetan canciones. Jerry está a punto de iniciar una productiva gira por Inglaterra y cuando desembarca en Europa se entera de que el escándalo le ha seguido hasta allí.

De los treinta y siete conciertos de que se compone la gira, los empresarios anulan treinta y cuatro. La propia Sun Records, asustada por la magnitud de la polémica, se niega a hacer promoción de su nuevo disco, 'High school confidential', que habla de los amores con una joven colegiala. Jerry nunca se recuperaría de aquel tropiezo, aunque publicó un largo comunicado explicando su reciente divorcio y su matrimonio con Myra, que repitió en ceremonia pública para alejar cualquier sospecha. En febrero del 59 Myra dio a Jerry su segundo hijo, Steve Alien, que moriría a los tres años ahogado en la piscina de su casa. Dicen que fue en esa época de dificultades y giras agotadoras cuando Jerry Lee Lewis se convirtió en adicto al alcohol y a las drogas estimulantes. La lista de triunfos de Jerry queda reflejada en los datos de sus clasificaciones en las listas. La familiar es mucho más complicada. En 1970 Myra, después de trece años de matrimonio, se divorcia de Jerry. En el 71, el cantante contrae su cuarto matrimonio con Jaren Elizabeth Gunn Pate, una divorciada de veintinueve años. En el 73 vuelven las desgracias. Su hijo Jerry Lewis Jr., que toca la batería en su banda, se mata en un accidente de coche. En el 76, y esto empieza a parecerse a una crónica de sucesos, hiere accidentalmente a su bajista Norman Owens al dispararle en el pecho mientras está haciendo prácticas de tiro en la puerta de su propia oficina. Dos meses más tarde es detenido por conducir borracho su Rolls Royce, que cae a una zanja. Cuando la policía le suelta a la mañana siguiente, recibe una extraña denuncia: Jerry está intentando colarse en Graceland, la casa de Elvis en Memphis, con un revólver en la mano y exigiendo ver al semirretirado rockero.

El 8 de junio del 82 su cuarta esposa muere ahogada en la piscina. Un año después se casa con Shawn Michelle Stevens, con la que venía manteniendo un romance de dos años. Tres meses más tarde, Shawn es encontrada muerta en su propia casa por una sobredosis de metadona. En el 84 un escritor denuncia que la muerte de Shawn no fue accidental y que algunos indicios marcan la culpabilidad del cantante, pero la justicia le exonera de toda culpa y Jerry sale otra vez indemne, pese a que ya ha contraído su sexto matrimonio con Kerrie McCarver, de tan sólo veintidós años de edad. Los últimos años ochenta los pasa entre hospitales (su salud empieza a pagar su descuidada forma de vida) y estudios de grabación, porque la película 'Great balls of fire', que cuenta su vida, le devuelve repentinamente al estrellato y a las giras mundiales. No obstante y a pesar de la expectación y curiosidad que ha provocado el filme por ver al rockero en persona, tampoco en esos momentos de gloria falta el detalle que devuelve al killer su imagen problemática que siempre ha ido llevando a cuestas: un día entra en el plato donde se rueda la película exigiendo que se le abonen los derechos que le han prometido y cuyo pago se estaba atrasando en exceso. Al menos, en la opinión del expeditivo Jerry Lee Lewis que no ha perdido ese legendario mal carácter que es uno de los sellos de su personalidad.
Buddy Holly

Buddy Holly, una estrella fugaz

Nadie se ha construido una leyenda tan grande en tan pocos meses de carrera. Cuando el 3 de febrero de 1959 fallecía Buddy Holly en un accidente de aviación (el día en que murió la música, como lo reflejó once años más tarde Don McLean en su 'American pie'), a su lado estaba otra incipiente leyenda juvenil, el chicano Ricardo Valenzuela, famoso como Ritchie Valens, que saltó también a la gloria por mor de su trágica desaparición. Pero la fama de Buddy Holly no es producto solamente de su prematura muerte ya que había logrado el status de leyenda con tan sólo quince meses de meteorica carrera. Nacido en Lubbock, Texas, el 7 de septiembre de 1936, a los trece años Charles Hardin Holley cantaba a dúo con su amigo Bob Montgomery y cuatro más tarde tenían ya su propio show radiofónico, The Buddy and Bob Show, donde cantaban al estilo del country tejano. En el 55, en vista de la popularidad que iba logrando la nueva música de Elvis, cambia el formato del grupo y añade batería y bajo. El 14 de octubre del 55 Buddy y Bob son teloneros del concierto de Bill Haley y allí les escucha un manager de Nashville llamado Eddie Crandall. Un día después abren el concierto de Elvis en Lubbock, donde Crandall se convence de su talento y les consigue unas pruebas para la Decca.

Ahora bien, la compañía se interesa sólo por Buddy Holly, y su compañero, Bob, le aconseja que aproveche la oportunidad. Forma entonces el grupo The Three Tunes, pero las grabaciones con la Decca no convencen ni a la compañía ni al cantante, aunque años después se venderán en grandes cantidades ante la fama y la pérdida de Buddy. Con aquellos Three Tunes grabó Buddy la primera versión de 'That’ll be the day', que entonces no significó ningún éxito. Descontentos todos, Buddy y el grupo abandonan Decca y entran en contacto con Norman Petty, que tiene un estudio propio de grabación en Clovis, Nuevo Méjico. Deciden cambiar su nombre por el de Crickets y vuelven a grabar la misma canción, con tanta fortuna que, editada por Brunswick Records, se convierte, en septiembre del 57, en número uno en los Estados Unidos. Brunswick y Coral son dos sellos pertenecientes a la misma compañía que decide dividir el trabajo de Buddy Holly en dos facetas distintas. Como Crickets seguirán grabando en la primera y como solista, Buddy edita sus discos con Coral. Las carreras de la época, que ya eran frenéticas en el ritmo de lanzamientos discográficos, se doblan en intensidad. Así se explica que desde septiembre del 57 a febrero del 59, mes de su muerte, entraran en las listas hasta diez canciones firmadas por Buddy en una u otra faceta.

Tuvieron tiempo para hacer una pequeña gira de seis días por Australia, en enero del 58, y otra de veinticuatro días en Inglaterra, en el mes de marzo del mismo año. En tan corto espacio de tiempo hubo tiempo para muchas más cosas, desde un flechazo fulminante entre el cantante y una joven portorriqueña de Nueva York, María Elena Santiago, que desembocó en boda instantánea, hasta la ruptura de sus relaciones con Norman Petty y los Crickets y el intento de iniciar una carrera como baladista. En junio fue a Nueva York a hacer sus primeras grabaciones sin los Crickets y allí conoció a María Elena. El 15 de agosto se casaban en Lubbock y Buddy decidía instalarse en Nueva York, ya alejado de los Crickets, a los que sin embargo no quiso discutir el derecho a seguir grabando por su cuenta con el mismo nombre. Algo que los Crickets siguieron haciendo durante mucho tiempo, aunque sin ningún éxito en su nueva carrera. En octubre del 58 hace su primera grabación, otra vez en Nueva York, con una sección de cuerda detrás, porque se avecinan tiempos de un rock más romántico y menos rítmico. Mientras sus canciones en la nueva línea empiezan a entrar en listas, le llega la oferta de capitanear una gira por los Estados Unidos con el nombre de The Winter Party Dance, que debe recorrer el país en enero y febrero del 59, con traslados en autobús.

Junto a Buddy viajan Ritchie Valens, Dion con los Belmonts y Big Bopper. Después de una actuación en el Surf Ballroom de Clear Lake, Iowa, el 2 de febrero, hartos de trasladarse en autobús, alquilan una avioneta para que les lleve a su siguiente destino. Unicamente caben tres personas y el afortunado es Ritchie Valens, que se juega el puesto a cara o cruz con Waylon Jennings, Big Bopper y el propio Buddy. Es la primera vez que tengo suerte en algo, dijo el jovencísimo Ritchie Valens tan sólo unos minutos antes de que el avión, a poco de despegar en medio de una tormenta, se estrellara en un lago helado y murieran las tres figuras de la canción. Desde entonces la leyenda de Buddy Holly no ha cesado de crecer. Sus álbumes de grandes éxitos se reeditan con regularidad y uno de ellos, '20 Golden Greats', fue número uno en las listas británicas en 1978, casi veinte años después de su muerte. Paul McCartney, admirador desde su juventud de Buddy Holly, compró los derechos editoriales de todas sus canciones e instituyó la Buddy Holly Week que se celebra cada año en Inglaterra desde 1976. Antes, los Beatles habían hecho una gran versión del 'Words of love' de Holly. Los Rolling Stones, Everly Brothers, Linda Rondstat, Blind Faith y Cliff Richard, entre otros, han grabado canciones de Buddy y la banda sonora de la película The Buddy Holly Story ganó el Óscar a la mejor música en 1978. Don McLean le dedicó su gran epopeya juvenil 'American Pie'. Ante la fachada del centro cívico de Lubbock, su ciudad natal, se alza, desde 1980, una estatua del cantante.
Eddie Cochran

EDDIE COCHRAM

En febrero de 1959, al enterarse de la muerte de Buddy, Bopper y Valens, un joven y triunfador cantante blanco de rock and roll, llamado Eddie Cochram, escribió una canción titulada 'Three stars', dedicada al recuerdo de las tres figuras desaparecidas. A su compañía no le pareció oportuno editarlo y el disco estuvo algunos años en los estantes del almacén de su editora. Tan sólo catorce meses más tarde, Eddie Cochram entraba también en la gloria al morir en un accidente de tráfico cerca de Londres. Tras la desgracia, su canción y su destino común al de las tres estrellas, cobró un nuevo significado y se convirtió en uno de los símbolos de las tragedias que muchas veces acompañaron al rock. Si alguien precisara buscar más simbolismos en el mundo rock se puede contar otra significativa coincidencia. Cuando el taxi que conducía a Eddie Cochram junto a Gene Vincent se estrelló, la guitarra Gretsch que habitualmente tocaba Eddie quedó deteriorada en la carretera y fue recogida por un joven de dieciséis años, aspirante a policía, llamado David Harman. Durante los dos meses que la guitarra pasó en la comisaría, a disposición del juzgado, antes de ser devuelta a la madre de Eddie, el joven aprendiz de policía la tocaba algunas noches, soñando quizás con convertirse en estrella. Años más tarde, David Harman lo conseguiría con el nombre de David Dee y encabezando un quinteto que se llamó Dave Dee, Dozy, Beaky, Mick & Tich.

Eddie, nacido en Oklahoma City en 1938, cantaba con su hermano Hank, con el nombre de Cochram Brothers, ya por el año 55. Aunque hacían música country y llegaron a grabar algunos discos en esa época, fue el ejemplo de Elvis, al que vieron en Dallas, el que les empujó hacia el rock and roll. Para ello, Eddie se separó de su hermano y decidió cantar en solitario. En septiembre del 56 grabó un primer disco, escrito por él en colaboración con su amigo Jerry Capehart, que, aunque no vendió nada, les sirvió a modo de maqueta para presentarse en otras compañías. Y les funcionó, porque logró un papelito en The girl can’t help it, donde cantaba '20 flight rock'. Luego empiezan las grabaciones sin demasiado éxito y en una de ellas conoce a Gene Vincent, otro gran rockero blanco sin demasiada suerte, que pasaría a la historia por su 'Be-bop-a-Lula'. Eddie hace los coros en algunas grabaciones de Gene, hasta que en septiembre del 58 llega su gran ocasión con el 'Summertime blues', el único top 10 de su carrera. Poco después llega el segundo triunfo con 'C’mon everybody' y le contratan para cantar en el Winter Dante Party Tour que empezará en enero del 59. Una película de Alan Freed, Go, Johnny go, le impide unirse a la expedición musical y se entera por la radio de la muerte de Buddy Holly y de los que iban a ser sus compañeros de gira. Es entonces cuando graba 'Three stars', que su compañía decide no editar.

En el 60 siguen los éxitos y el empresario inglés Larry Parnes le invita, junto a su colega Gene Vincent, a hacer una gira de diez semanas junto a algunos nuevos rockeros ingleses como Billy Fury, Georgie Fame o Joe Brown, padre de la joven cantante inglesa Sam Brown. La gira obtiene tal éxito, que Parnes intenta prorrogarla por dos semanas más. Pero Cochram tiene un compromiso en Estados Unidos: completar un nuevo LP. Al final deciden que los dos artistas den un último concierto en el Hippodrome de Bristol el sábado de Pascua, regresen corriendo a su país y vuelvan quince días más tarde para completar la gira. Estaba previsto que el concierto les permitiera coger a tiempo el tren hasta el aeropuerto, pero prefirieron alquilar un taxi, en el que viajaba también Sharon Sheeley, novia de Eddie y autora de algunas de las canciones que Cochram y Ricky Nelson habían llevado a la fama. Era el 17 de abril de 1960. Al taxi le reventó una rueda: tanto el conductor como Gene Vincent y Sharon resultaron heridos, pero Eddie salió disparado por el parabrisas y fallecía horas después. Al conocer su muerte, se produjo en Ingláterra la histeria de los fans, donde su single postumo 'Three steps to heaven' llegó al número uno, aunque no en USA.

Si alguien se pregunta por qué el rock and roll murió tan vertiginosamente y cedió paso a los baladistas juveniles y a los nuevos ritmos bailables, la explicación está resumida en estos dos capítulos. ¿Cómo superar tantas pérdidas en tan escaso período de tiempo? Hagamos recuento: Elvis se fue al servicio militar en pleno apogeo personal y musical. Por otra parte, Chuck Berry cayó en desgracia por su escándalo sexual. Little Richard, ante la estupefacción de todos, abandonó el rock para pasar a las filas de la religión. Jerry Lee Lewis escandalizó hasta a su compañía de discos con su boda con la prima treceañera. Buddy Holly, Ritchie Valens y Eddie Cochram murieron en plena gloria. ¿Hubiera resistido cualquier otro movimiento musical o social tantísimas desgracias?
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